Usos medicinales del cannabis: dolor

La primera referencia al uso medicinal del cannabis se sitúa en China, en el año 2737 a. de C., donde, en un libro sobre agricultura y plantas medicinales, aparece como remedio para combatir enfermedades reumáticas y también la malaria.

Tuvieron que pasar miles de años hasta que, en diciembre de 2020, la Comisión de Estupefacientes, principal organismo en política de drogas de la Organización de las Naciones Unidas, reconociera las propiedades terapéuticas de la planta y la incluyera en la lista de estupefacientes que requieren control por su potencial psicoactivo, pero que deben ser accesibles para aplicaciones médicas.

En España, en junio de 2021 el Congreso aprobó la petición de crear una subcomisión al objeto de estudiar y analizar el uso medicinal del cannabis con base en la evidencia científica comprobable.

Si se revisa la literatura médica, no faltan evidencias sobre las propiedades terapéuticas del cannabis. De los dos componentes más conocidos de la planta Cannabis sativa, el THC (tetrahidrocannabinol) y el CBD (cannabidiol), se considera que el primero es el ingrediente psicoactivo, mientras que al CBD se le adjudican indicaciones médicas.

En esta ocasión, nos centraremos en la capacidad para aliviar el dolor, especialmente el dolor crónico neuropático (dolor causado por una lesión en el sistema nervioso central o periférico) o psicogénico (dolor funcional producido por el sistema nervioso central).

Para entender mejor esta propiedad, es importante introducir un par de conceptos: el de sistema endocannabinoide y el de cannabinoide.

El sistema endocannabinoide es un sistema de comunicación intercelular implicado en una gran variedad de procesos fisiológicos, como la modulación de la percepción del dolor, siendo un gran regulador de la homeostasia de nuestro cuerpo, es decir, del equilibrio en la composición de nuestro medio interno.

Recibe el nombre de cannabinoide toda aquella sustancia química con capacidad para enlazarse con unas proteínas presentes en nuestro organismo, los receptores cannabinoides, y modular el sistema endocannabinoide. Pueden ser exocannabinoides, obtenidos de la planta del cannabis (fitocannabinoides) o creados en el laboratorio (cannabinoides sintéticos), o endocannabinoides, cuando es nuestro cuerpo quien los sintetiza.

El THC sería una buena opción para combatir el dolor neuropático, pero puede tener efectos cerebrales, como la alteración de la conciencia y la aparición de alucinaciones, por lo que el CBD, que ejerce efectos analgésicos a través de mecanismos antiinflamatorios, sería el fitocannabinoide de elección en un primer momento en el manejo del dolor y, en caso de no funcionar adecuadamente, podría plantearse la introducción de THC a dosis bajas.

La planta seca por vía inhalada, bien sea fumada, bien sea vaporizada, y el aceite serían las dos vías de administración del cannabis; sin embargo, la primera es compleja, puesto que dificulta calcular la dosis administrada, por lo que el aceite por vía oral sería de elección para tener un mejor control. Otra presentación interesante son las cremas con extracto de cannabidiol y aceite de semilla de cáñamo por vía tópica.

Abundantes datos preclínicos y clínicos respaldan las propiedades antiinflamatorias del CDB en el manejo del dolor crónico y su utilidad en el tratamiento de las comorbilidades neuropsiquiátricas asociadas al mismo, como la depresión y la ansiedad. Además, en el paciente reumatológico, tiene acciones moduladoras de la inmunidad (téngase en cuenta que muchas enfermedades reumatológicas tienen una causa autoinmunitaria) y beneficios sobre el estado general, al mejorar la calidad del sueño, el ánimo y la calidad de vida, en general, si bien, para poder disponer de datos más concluyentes, harán falta más estudios aleatorizados que comparen el efecto de los cannabinoides con el de la medicación tradicional en el manejo del dolor.

Dra. Iolanda Miró i Vinaixa

Número de colegiada 08-34.671